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De descripción de funciones a cuestionamientos sobre sus ejecuciones

Por María Sicarú Vásquez Orozco

Mucho se ha hablado de cómo funcionan las organizaciones públicas referentes a la cultura, sus prioridades, presupuestos y autoridades. Con la reciente creación de la Secretaría de Cultura se han suscitado cambios y por ende dudas sobre el funcionamiento de las distintas instancias museísticas, cuáles fueron los cambios, de qué forma se benefició el patrimonio, su difusión y su conservación.

A lo largo de este y los próximos artículos se harán breves semblanzas sobre dichos cambios ante la generación de una Secretaría de Cultura, específicamente en lo que compete a los museos de arte dependientes del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). En este primer acercamiento nos enfocaremos en los documentos que anuncian la creación de la mencionada secretaría y del instituto en cuestión.

A través de dicha descripción se comenzará un breve análisis de los conceptos derivados, sirviendo así, como una introducción para el análisis posterior, mismo que se enfocará en cómo es que se generan las prácticas museísticas con base en la centralización y jerarquización de discursos que prevalecía en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), tomado como punto de partida preguntas como: ¿De qué manera cambiaron las prácticas con la Secretaría de Cultura? ¿Ocurrió, o bien, ocurrirá un cambio y una apertura dentro de la creación de discursos educativos y expositivos? Si bien ahora no podemos dar una respuesta concreta a estas cuestiones, sí podemos introducir al panorama cultura en el que viven lo museos y el Instituto Nacional de Bellas Artes.

La Secretaría de Cultura

En diciembre del año 2015 se creó por decreto presidencial la Secretaría de Cultura, la cual funcionaría como una renovación de su antecesor Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), coordinando, gestionando y presupuestando todo tipo de actividades culturales y artísticas, teniendo como diferencia sustancial que con su creación el arte y la cultura dejarían de depender de la Secretaría de Educación Pública. Según lo establecido en el decreto de creación y lo resumido en su sitio oficial, la Secretaría tiene como propósito promover y difundir las “expresiones artísticas y culturales de México, así como de la proyección de la presencia del país en el extranjero.” Asimismo, tiene dentro de sus objetivos, impulsar la educación, la investigación, la creación de infraestructura, espacios y servicios dignos para la cultura y las artes. Finalmente enfatiza en el apoyo a la creación y desarrollo de creaciones artísticas, el refuerzo de la generación y el acceso a los bienes culturales y el uso de tecnologías digitales para acceder a ellos.[1]

Las especulaciones previas a su creación y las opiniones detonadas una vez finalizado el decreto, fueron dentro de dos vías; por un lado aquellos que hablaban de que la Secretaría acabaría con la burocracia y la jerarquía que había marcado al mundo cultural en México, mientras que otros decían que con ella se reafirmaría el control y el tipo de trabajo pautado por CONACULTA, los funcionarios públicos de alto rango ascenderían de puesto y tendrían mayores beneficios. Sin embargo, cabe mencionar, que no se puede tomar partido, hasta ver qué cambios, beneficios y mejoras existen, hasta no tomar espacio temporal y partir de una estricta comparación en cuanto a funciones, manejo de presupuestos, organigramas y prácticas, que brinden un análisis certero.

Aunado a los comentarios anteriores, surgían dudas sobre cómo y de qué forma cambiarían los organismos, institutos, escuelas y museos a su cargo, en específico lo que correspondía al Instituto Nacional de Bellas Artes y el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Siguiendo el enfoque mencionado con anterioridad, es necesario mencionar que en diciembre de 1946 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ley de Creación del Instituto Nacional de Bellas Artes. El INBA como de órgano descentralizado de la Secretaría de Educación Pública, comenzó a funcionar como un órgano encargado de las cuestiones culturales y artísticas del país. Posteriormente y con la creación de CONACULTA a finales de la década de los ochenta, el instituto pasó a formar parte de este nuevo organismo.[2]

Bajo el gobierno del presidente Miguel Alemán Valdés, el INBA debía cultivar, fomentar, estimular, crear e investigar “las Bellas Artes, entendiendo por ellas, la música, artes plásticas, artes dramáticas, la danza, las bellas letras en todos sus géneros y la arquitectura.”[3] Asimismo, dentro de las primeras fracciones de su artículo 2º se señalaba que el INBA debía organizar y desarrollar la educación profesional de las Bellas Artes, así como la enseñanza artística a niveles de educación básica. Si analizamos la ley, podemos ver que con relación a las cuestiones educativas, tenía sentido que el INBA dependiera de la Secretaría de Educación Pública, ya que la propia ley señalaba que la SEP otorgaría personal al INBA para la realización de un “consejo” que apoyara en la organización y desarrollo de la educación artística.

En el caso de los acervos museísticos, la ley facultaba al INBA la capacidad de adquirir y administrar bienes para la formación de un patrimonio. En un primer acercamiento, se señaló qué bienes muebles e inmuebles pasarían a formar parte del instituto. Sin embargo, dentro de ese documento de ley sólo se hacía referencia a los “museos” de forma general, no existía un lineamiento para la formación de estos, ni cuáles serían los parámetros, esto debido a que no se tenía certeza de cómo se generarían ni a partir de qué manifestaciones se realizaría la organización el patrimonio.

Los cambios dentro del Instituto y la creación espacios para las Bellas Artes como podrían ser museos, escuelas, y compañías, ocurrió “paulatinamente”, como lo señala el Manual General de Organización del INBA, actualizado en el año 2010, derivado de las reestructuraciones orgánicas, programas de recorte presupuestal, entre otras. Bajo esta generación gradual de organismos dedicados a la conservación y exhibición del patrimonio, el Instituto Nacional de Bellas Artes ha otorgado en custodia patrimonio artístico mexicano a recintos creados bajo vocaciones específicas, las cuales responden a apelativos relacionados con factores histórico artísticos o a formas de organización que generadas a partir de una necesidad cultural o federal.

Las breves descripciones anteriores nos llevan a un supuesto panorama donde la generación de organismos se ha realizado a través de un sistema patriarcal, es decir, donde los procesos, las leyes, las formas de organización y el modo de trabajo se encaminan desde una jerarquía institucional. Lo anterior puede corresponder a lo que estudiosos de la cultura, como Néstor García Canclini, plantean como un factor latinoamericano, que históricamente se ha ido pautando debido a los cambios y decisiones políticas.

A partir de esta breve introducción será necesario explicar a lo largo de los siguientes artículos, cómo han influido estas decisiones en la conformación de los museos, a qué se debe la generación y modificación gradual de los recintos, de qué manera se afectó a las prácticas de los mismos a partir de lo cambios institucionales, cuáles son las prácticas negativas a las que tendremos que sugerir soluciones, pero sobre todo cuáles son las áreas de oportunidad que estos organismos culturales nos presentan.

 

Notas

[1] “Secretaría de Cultura” [En línea] México: Secretaría de Cultura. Revisado el: 24/04/2017. Disponible en: http://www.gob.mx/cultura/que-hacemos

[2] “Fundación Conaculta” [En línea] México: Secretaría de Cultura. Revisado el: 24/04/2017. Disponible en: http://www.cultura.gob.mx/fundacion/

[3] Ley que crea el instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura [En línea] México: INBA. . Revisado el: 24/04/2017. Disponible en: http://www.inba.gob.mx/INBA/transparencia/marco/1003.pdf

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